Lo dicho
-¿Qué te pensás, negro de mierda? ¿Eh? ¿Que podés boludearme así con tus pagarés y no aparecerte más? ¿Eh? ¡Brazuca de mierda! (golpes)
-¡Nao, pera ai! ¡Eu vou te pagar, eu vou te pagar mesmo! Me da uma semana, por favor, so uma semana.
-Seu Nabinho se hace el nabo pero nos toma a todos por pelotudos. Te voy a dar una advertencia muy explícita: el próximo corte lo hago 20 cm. más abajo. Negra, pasáme la faka. ¿Negra?
(acción; sangre; pasos alejándose a las corridas)
-¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! ¡Me cagaste la vida! (grito partido) ¡El asesino se escapa, alguien agárrelo! ¡El negro brazuca asesinó a mi marido!
La gitana
La carnicería no es negocio fácil. Hay que saber robar gramos, truchar balanzas, mentirle a los clientes. Suena ridículo porque soy gitana, pero no sé mentir. La única cosa que nunca aprendí a hacer bien es a mentir. Lo demás lo fui aprendiendo con el tiempo, lo fui aprendiendo a hacer tan bien que debería de tener un título. El gordo desagradable no se da cuenta porque es un imbécil ego-lastra, pero soy yo la que hace que todo marche, y encima marche bien. Si fuese por él y su visionario liderazgo, no durábamos ni un solo año. Se lo gastaba todo en putas. En la puta esa Rosalina, pobre chica, que últimamente no sé qué le agarró por escabullirse por la ventana del dormitorio, como la zorra de mierda que es, cada vez que me escucha entrar al local. Y el gordo desagradable me insiste en que se estaba haciendo una paja porque ya no lo cojo. Qué gordo desagradable. Todo él me produce asco, su cuerpo de batata podrida, su cara de cerdo afeminado, los patoteos ridículos que le hace a los morosos (¿a quién mierda le importa que lo dejen pelado a navaja limpia si la alternativa es pagar medio luca?). Todo, excepto su cuello. Me recuerda a mi padre, ¿por qué me habré ido de casa? Mi padre me enseñó todo lo que sé. Tuvo 6 hijas antes de decidir que era bastante, con o sin varón. Así que nos juntó a todas las gitanillas y a la Serena, la ternera que nos hacía de mascota por ese entonces. Nos dio una navaja a cada una. Nos dijo que le iba a enseñar su oficio a la que pudiera degollarla sin chistar. “¿Cómo?”, le preguntó María, la mayor, y él le dijo que la mire a los ojitos, piense en todos los juegos y las cosas lindas que habían hecho juntas y que le deslice el filo por la garganta, que lo deslice y presione duro hacia arriba. Mis hermanas no pudieron. Yo sí. Le corté el cuello a la Serena sin chistar. Y Papá me enseñó todo lo que sabía para que yo pudiera mantener el legado familiar. Y yo, desagradecida, huí de casa y me casé con el gordo desagradable, que es todo desagradable, una plaga, una enfermedad, todo excepto por su cuello. Lo único lindo de estar enfermo es que uno se cura.
Los hechos
En una avenida poco concurrida lo encontró El Gordo Desagradable a Seu Nabinho. Lo agarró de la nuca y lo llevó a un callejón oscuro en el que esperaba su esposa, La Gitana, con una navaja. El Gordo Desagradable le reclamó a Seu Nabinho una deuda que le debía y éste prometió pagarle la semana próxima, cuando tuviera el dinero. El Gordo Desagradable aceptó, pero le agarró el pelo para cortárselo como humillación y amenazó con cortarle el cuello si no le pagaba en el tiempo estipulado. Le pidió a La Gitana la navaja y ésta, en vez de dársela, lo degolló. Seu Nabinho salió corriendo. La Gitana lo acusó a gritos de haber cometido el asesinato. Jamás se resolvió nada.
1 comentario:
Que te amo, caracho.
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