jueves, 9 de diciembre de 2010

Disfuncional

  • ¿Querés algo?
  • Mm..no, gracias.
  • ¿Segura? ¿Algo de comer? Hay Oreo.
  • Tienen crema.
  • Ah, cierto que sos vergana.
  • Ja, ja...imbécil.
  • Bueno, tranqui. Era un chiste, nomás.
  • Sí, ya sé que era un chiste, me tienen las pelotas llenas con los chistes. Y después del chiste, alguien dice "¿Y por qué sos vegana?". Siempre que voy a algún lado salta el mismo tema de conversación: por qué ser vegano es completamente imbécil.
  • Pará, nunca dije eso. Disculpame por joderte, no lo decía en serio. A ver, ¿por qué crees que te jodo?
  • Porque sos un imbécil.
  • No, porque te quiero y porque me importás.
  • ¿Esperás que me trague ese chamuyo barato?
  • Es en serio, si no me importaras no te jodería con que sos vegana: no me interesaría en lo más mínimo. ¿No crees?
  • Mm..no, pero ya fue.
  • ¿Así que ya está?
  • Te dije que ya fue.
  • Ok, no digo más. ¿Y por qué andás tan susceptible? ¿Pasó algo?
  • No pasó nada y no estoy susceptible, sólo estoy podrida de que siempre que voy a algún lado, me hacen mil preguntas sobre ser vegano. La vida se vuelve un poco monotemática.
  • ¿Y qué decís?
  • ¿De qué?
  • Cuando te preguntan por qué sos vegana.
  • Y..que me da asco comerme a otro animal.
  • Eso te dice un vegetariano, no un vegano.
  • Bueh, que me da asco comer cualquier cosa que venga de otro animal. Es como que te explotes un grano y te lo comas.
  • Ah. ¿Entonces es sólo eso? ¿Asco?
  • ¿Y qué querés que te diga? ¿Que cuando era chica a mi gato se lo morfaron unos chinos? Es así, es mi filosofía de vida. Imaginate si te preguntara por qué vos sos cristiano.
  • Fácil: fuera de que es en lo que creo, porque mis viejos me criaron así.
  • Ah bueno, así cualquiera.
  • Y..más o menos. A vos no te criaron tus viejos para que seas vegana.
  • Y, no. Pero tampoco tenés que ser todo lo que tus viejos te dicen que seas. Parte de vivir es elegir, si no no es tu vida, no son tus razones.
  • Como vos, que elegís ser vegana sólo porque sí.
  • No. Como yo, que elijo ser vegana porque creo que nadie tiene derecho a adueñarse de la vida de otro.
  • Así que tu veganismo es más valioso que mi cristianismo porque vos elegís ser vegana y yo arranqué siendo cristiano.
  • Y, si hay que comparar...
  • Y que tu viejo sea dueño de ganado no tiene nada que ver con el tema.
Se miran fijamente, ella con cara de "¿Me estás jodiendo?", él con cara de "¿Qué te pasa?". Y en vez de decirle "no entendiste nada", como desearía más adelante, ella le dice
  • Sos un imbécil.
y se va.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Según

Lo dicho
-¿Qué te pensás, negro de mierda? ¿Eh? ¿Que podés boludearme así con tus pagarés y no aparecerte más? ¿Eh? ¡Brazuca de mierda! (golpes)
-¡Nao, pera ai! ¡Eu vou te pagar, eu vou te pagar mesmo! Me da uma semana, por favor, so uma semana.
-Seu Nabinho se hace el nabo pero nos toma a todos por pelotudos. Te voy a dar una advertencia muy explícita: el próximo corte lo hago 20 cm. más abajo. Negra, pasáme la faka. ¿Negra?
(acción; sangre; pasos alejándose a las corridas)
-¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! ¡Me cagaste la vida! (grito partido) ¡El asesino se escapa, alguien agárrelo! ¡El negro brazuca asesinó a mi marido!

La gitana
La carnicería no es negocio fácil. Hay que saber robar gramos, truchar balanzas, mentirle a los clientes. Suena ridículo porque soy gitana, pero no sé mentir. La única cosa que nunca aprendí a hacer bien es a mentir. Lo demás lo fui aprendiendo con el tiempo, lo fui aprendiendo a hacer tan bien que debería de tener un título. El gordo desagradable no se da cuenta porque es un imbécil ego-lastra, pero soy yo la que hace que todo marche, y encima marche bien. Si fuese por él y su visionario liderazgo, no durábamos ni un solo año. Se lo gastaba todo en putas. En la puta esa Rosalina, pobre chica, que últimamente no sé qué le agarró por escabullirse por la ventana del dormitorio, como la zorra de mierda que es, cada vez que me escucha entrar al local. Y el gordo desagradable me insiste en que se estaba haciendo una paja porque ya no lo cojo. Qué gordo desagradable. Todo él me produce asco, su cuerpo de batata podrida, su cara de cerdo afeminado, los patoteos ridículos que le hace a los morosos (¿a quién mierda le importa que lo dejen pelado a navaja limpia si la alternativa es pagar medio luca?). Todo, excepto su cuello. Me recuerda a mi padre, ¿por qué me habré ido de casa? Mi padre me enseñó todo lo que sé. Tuvo 6 hijas antes de decidir que era bastante, con o sin varón. Así que nos juntó a todas las gitanillas y a la Serena, la ternera que nos hacía de mascota por ese entonces. Nos dio una navaja a cada una. Nos dijo que le iba a enseñar su oficio a la que pudiera degollarla sin chistar. “¿Cómo?”, le preguntó María, la mayor, y él le dijo que la mire a los ojitos, piense en todos los juegos y las cosas lindas que habían hecho juntas y que le deslice el filo por la garganta, que lo deslice y presione duro hacia arriba. Mis hermanas no pudieron. Yo sí. Le corté el cuello a la Serena sin chistar. Y Papá me enseñó todo lo que sabía para que yo pudiera mantener el legado familiar. Y yo, desagradecida, huí de casa y me casé con el gordo desagradable, que es todo desagradable, una plaga, una enfermedad, todo excepto por su cuello. Lo único lindo de estar enfermo es que uno se cura.

Los hechos
En una avenida poco concurrida lo encontró El Gordo Desagradable a Seu Nabinho. Lo agarró de la nuca y lo llevó a un callejón oscuro en el que esperaba su esposa, La Gitana, con una navaja. El Gordo Desagradable le reclamó a Seu Nabinho una deuda que le debía y éste prometió pagarle la semana próxima, cuando tuviera el dinero. El Gordo Desagradable aceptó, pero le agarró el pelo para cortárselo como humillación y amenazó con cortarle el cuello si no le pagaba en el tiempo estipulado. Le pidió a La Gitana la navaja y ésta, en vez de dársela, lo degolló. Seu Nabinho salió corriendo. La Gitana lo acusó a gritos de haber cometido el asesinato. Jamás se resolvió nada.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La paja

Creo que de todos los padecimientos que aquejan al género humano, el más solitario es la paja. A nadie le importa que no tengas ganas, dale, no jodas. ¿Por eso andas deprimido? ¿Porque te da paja? Por supuesto, cualquiera que recuerda haber sufrido la paja (porque todos, en algún momento u otro, hemos tenido paja, es sólo cuestión de acordarse), que sabe la cantidad de horas que se pueden pasar en la cama pensando ‘¿Qué mierda estoy haciendo? ¿Qué mierda quiero hacer? ¿Por qué?’, o frente al monitor dándole a los links de wikipedia (y eso en el mejor de los casos. No olvidemos los videojuegos, el facebook o la pornografía: no por nada le dicen ‘hacerse una paja’), cualquiera que sabe de eso entiende que la paja no es un demonio menor, que muchos desamores son chicha comparados con ese bicho infecto, arácnido vomitivo de telas fétidas e infranqueables que se aferra a tu voluntad para existir, para que le des bola, que usurpa tu cara y te mira fijo con ojos vacíos, con tus ojos que están vacíos, para que la mires y no la mates, no porque matarla sería matarte, sino porque simplemente te da paja. ¿Y sabes qué te dicen ellos, los que entienden? Mierda, qué paja que me das. Y sí, ¿se los puede culpar? Nada, ni la guía de ejercicios más jodida de Análisis 2, da tanta paja como la paja misma. Así que, a un lado, leproso, a arreglárselas solito. ¿Cómo? —pregunta el pobre desgraciado— ¿Tú cómo hiciste? No sé, un día dejé de tener paja. Fuma menos porro y levántate más temprano. Y báñate, por dios, que apestas.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Irene, la encantadora

Te veo saltar entre el mar de personas, la oleada de gentes, yendo y viniendo a tu gusto, como si los caprichos de la marea fuesen los tuyos. Y quizás lo sean: siempre te fue fácil manejar a los hombres, provocar la sumisión a tu voluntad, forzarle el despojo de la dignidad a los corazones más aguerridos del orgullo, todo sea por que tu boca se tuerza en una sonrisa, tus dientes se muerdan el labio inferior y tus ojos prometan la mejor mamada de la historia, síntesis imposible entre la voluptuosidad de todas las pornos jamás hechas y la honestidad pura del primer amor de un huerfanito.

Te veo bailar entre las masas, moviéndote a tu ritmo. La música suena —trajeron a una banda importante, una extranjera—, pero nadie la escucha. Todos tratan de esbozar tu canción, siguiendo tus pasos sin saberlo, tratan en vano de entrever el manual de instrucciones con el que orquestas todo este caos. Y en el medio estoy yo, paralizado, como un niño que no juega porque no puede ganar, pero que quiere el premio de cualquier manera. A veces, me decido por cortarte el baile y clavarte un beso por la fuerza, ir hasta donde estás y agarrarte violentamente de las mejillas, arrancarte la careta en un estampado de labios y basta de tus fuegos artificiales; otras veces, decido irme a la mierda, perder mi celular y no verte nunca más, Irene la encantadora; pero siempre que doy un paso, la prepotencia física de las masas encantadas me devuelve a mi lugar y tú te das vuelta y me miras, te ríes jocosamente y sigues bailando con la naturalidad con la que pones al mundo a tus pies. No sé si estarás al tanto, pero lo tuyo no es simple histeriqueo, ni siquiera brujería. Lo tuyo eclipsa hasta a las sirenas. Esta magia que conjuras es un suicidio dulce y lento, el placer de la autodestrucción. Me estás suicidando y no sé cuál de los dos lo disfruta más.

domingo, 28 de noviembre de 2010

No me cambia

Ni las peleas. Ni la alienación, ni la inseguridad. Ni los libros, ni las películas, ni las canciones. Ni el calor. Ni los mosquitos. Ni el fin de año, ni el que se viene. Ni las flores del jacarandá, ni siquiera los amigos. Ni el porro, ni el vino, ni las anfetas. Ni los recitales. Ni las series. Ni las noticias. Ni la guitarra, ni el canto, ni el kendo. Ni las pajas. Ni las plazas a la tarde bajo un árbol. Ni los mates, ni los tomates, ni la comida en general. Ni la nueve de julio, ni la marea, ni la arena, ni el sol rojo que ilumina nuestros pasos. Ni los cuelgues, mucho menos los descuelgues. Ni te preocupes que acá no pasa nada.
Me da todo lo mismo.

lunes, 21 de junio de 2010

Encontré esto entre archivos viejos

Me pareció tierno y quise mostrárselo a alguien:

El recuerdo más lejano que tengo de mis varios contactos con la literatura española (varios contactos porque diariamente somos influenciados por ella inconscientemente) es el de una historia que me contó mi madre hace muchos años. Esta historia, ahora no más que una borrosa fotografía sobre el barro de mi memoria, era la del Mio Cid, que incluso hoy salta de cuando en vez al primer plano de mis pensamientos proclamando “¡soy!”, para retroceder, avergonzado, y ser reemplazado por temas de mayor urgencia.

viernes, 14 de mayo de 2010

Asociación libre

No es tan libre, porque para empezar a escribir una asociación libre, más o menos vas pensando en que quieres escribir de algo. Entonces no importa de dónde partas, vas a llegar al lugar al que querías llegar. Además uno piensa más rápido de lo que escribe. Y creo que la asociación libre no es verborragia, es más que eso. Así que esto no es asociación libre.
Estaba viendo unas fotos, no, una foto mía con Elizabeth, la perra que teníamos (palabra puramente denotativa, en este caso) y me acordé de una conversación que tuve con Nacho en la que, cuando seguía siendo vegano, le preguntaba quionda con las mascotas, es decir, cómo veía el veganismo a las mascotas. Me dijo que bien, que era un tema de compañerismo. Se me imprimió esa percepción de las mascotas. Compañerismo. La siento tantas cosas que la linealidad de la lengua no me permite transmitir (siempre hablo de las limitaciones). Y entonces, cuando el muy turro se consigue un perro, ¿qué hace con su buen compañero? Lo encierra. Y se cabrea porque ladra mucho. Es un cachorrito, está lleno de energía (encima es un galgo, una bestía mítica, corredor del Sahara en tiempos de imperio egipcio y de hipódromos que no son hipódromos porque esos son sólo para caballos, pero son la misma cosa) y el hipócrita lo encierra. Y por esa gracia, el perro me rasguñó mi camisa amada, la que heredé de mi padre después de 20 años de uso, me la desgarró y ahora sólo me quedan las...telas rotas? Andá a cagar.

lunes, 5 de abril de 2010

Para que no te olvides

Así, pensar una bomba nueva, desear una lavadora de otro modelo, comer más a menudo platos variados aunque congelados, valorar a los demás por el número de objetos que poseen y dedicar los esfuerzos afectivos a asegurar el monopolio sentimental sobre una persona, no es más "humano", no es más "la vida", no es más "natural" que pensar nuevos trucos de magia recreativa, desear más sonrisas, hacer una fiesta el día en que sí comemos pollo-pollo o valorar a una persona porque tiene más capacidad de gozar que tú y está dispuesta a enseñarte.
-Josep Vicent Marqués

viernes, 15 de enero de 2010